Conclusiones sobre Argentina-Serbia

Argentina no se jugaba demasiado frente a Serbia; ya clasificada a los cuartos de final del torneo olímpico, sólo restaba dirimir cuál sería su ubicación en el grupo A. Era una buena oportunidad para que el conjunto albiceleste ganara minutos en cancha y limara imperfecciones. Pero eso no fue posible ya que el DT, Sergio Batista, decidió poner una formación con varios suplentes.
De todas maneras, el recambio era útil para ver qué sucedía con la inclusión de otros futbolistas con características distintas a los titulares. Quizás podía aparecer más velocidad, más vértigo. En definitiva, un esquema de juego diferente al repetido hasta el hartazgo, no sólo por el Sub 23, sino también por la Selección mayor.
Ni bien comenzó el partido hubo lugar para las ilusiones. La selección se mostró más rápida y llegó con claridad al arco contrario. Aunque con el correr de los minutos todo lo volvió a la normalidad. Ganó 2 a 0, pero con el repertorio de siempre. No obstante, la desazón y el inherente aburrimiento, producto de la dinámica de juego, permitieron llegar a algunas conclusiones respecto del equipo nacional y también de otras cosas. Veamos.
El estilo de toque y toque sin sentido, y siempre hacia atrás, no es responsabilidad de jugadores como Riquelme. Evidentemente, tiene que ver con una cuestión táctica.
Javier Mascherano es un jugador excepcional, no es ninguna novedad. Pero por si quedaba alguna duda: hoy también brilló en la defensa.
Hay otros futbolistas igual de interesantes o, incluso, mejores que los titulares. Entre ellos: Banega, Buenanotte y Di María (sin patear penales, claro).
Qué Macherano haya rendido en la defensa fue una buena noticia para todos, menos para Gago. La ausencia del volante del Liverpool en el medio de la cancha parece haber desnudado las falencias del jugador del Real Madrid, quién estuvo muy errático.
¿Qué hubiera sucedido si Serbia se dedicaba a jugar, en lugar de pegar patadas? Sin dudas que hubiera tenido más argumentos para pelearle el partido a Argentina y, además, habría salido un encuentro mucho más entretenido.
El juego de traslado permanente de la pelota (nunca hacía adelante) desplegado por Argentina puede llegar a niveles exasperantes.
El árbitro del encuentro, Al Hilali de Omán, estuvo lejos de nivel requerido para un encuentro de juegos olímpicos. Sacó amarillas por supuestas simulaciones, mientras que por otro lado dejó pegar en exceso. En la jugada del segundo penal de Argentina amonestó a un futbolista serbio pero no marcó claramente la infracción. Nadie sabía qué estaba ocurriendo, al igual que en otras jugadas.
Con todo, Argentina demostró que sigue siendo candidata a ganar una medalla. Lideró la zona con puntaje ideal, ganó todos los encuentros y tiene una gran cantidad de jugadores que hacen la diferencia. Eso sí, aun falta el fútbol. Ése mismo que tal vez sea necesario en instancias más complicadas como las que vienen.
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