Estudiantes Rey de América, Verón héroe en Brasil

Si bien en su momento se remarcó desde este espacio que Estudiantes había logrado llegar tan lejos en la Copa Libertadores gracias a que funcionaba como un buen equipo y no dependía únicamente del talento de Juan Sebastián Verón. Tras observar su despliegue en la final ganada frente a Cruzeiro en tierras brasileñas, hay que señalar que las intervenciones de la Brujita fueron determinantes para que el Pincha se consagrara campeón por cuarta vez en la historia del certamen continental.



Verón se destacó desde el comienzo del partido, pero se hizo gigante en el momento más crítico de su equipo. Cruzeiro se había colocado 1 a 0 con un zapatazo de Henrique que se desvío en un defensor del visitante (Desábato) y comenzaba a tomar la confianza que no había logrado en todo el encuentro. Consecuentemente, Estudiantes parecía desconcertado: no merecía ir perdiendo y por eso sentía el golpe.

Sin embargo, la coyuntura no amedrentó a la Bruja. Por el contrario, pasaron nada más que 5 minutos para que el volante pusiera un pase perfecto en profundidad (como sólo los grandes futbolistas pueden hacerlo en esos momentos cruciales) para que Cellay conectara un centro que Gastón Fernández transformaría en gol. Empate del Pincha y devolución de presión para el local.

Con el 1 a 1, Cruzeiro quiso llevarse por delante a un Estudiantes que ya no manejaba la pelota como en el primer tiempo. Aunque los cariocas no llegaban con peligro al arco de Andújar. Mientras tanto, Verón seguía siendo la figura de su equipo, pero el que se iba a destacar esta vez era el equipo. Luego de aprovechar un error de Cruzeiro, Enzo Pérez mandó un pase cruzado al área que un defensor del local logró despejar al corner. Del tiro de esquina, ejecutado por la Bruja (otra vez él), llegó el segundo tanto de la mano de Boselli, el goleador de la Copa con 8 goles.

Quedaban 20 minutos con el descuento incluido y pasó lo esperable: Cruzeiro se le fue encima al Pincha a buscar el empate. Estuvo cerca en tres oportunidades, pero ninguna se concretó. Estudiantes entonces celebró eufórico su cuarta Copa Libertadores después de 39 años. En definitiva, el trofeo quedó en manos del conjunto que más lo mereció. Porque funcionó como equipo, porque salió a jugar en todos los escenarios, porque Alejandro Sabella, su DT, supo acoplarse a un plantel ya conformado y, esencialmente, porque en la final tuvo a un Verón que se calzó el traje de héroe.

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