Manny Pacquiao: Ángel y demonio a la vez

MIAMI.- Tres veces fallé al atreverme a predecir derrotas para Manny Pacquiao (50-4, 38 nocauts). Tres veces fui en contra del boxeador más impresionante de esta era y las tres veces me sorprendió categóricamente.

Pero tres veces terminé alegre al ver al orgullo de las Filipinas, a ése que bautizaron como Emmanuel Dapidran Pacquiao, alzar los brazos con su peculiar sonrisa. Y es que ¿cómo no se puede alegrar uno si a Manny Pacquiao le va bien?

El 'Pacman' es un personaje más que interesante. Una dualidad ambulante con dotes de ángel fuera del ring y facultades de todo lo contrario sobre él. Es una versión real de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, la reconocida novela del escocés Robert Louis Stevenson, en la cual se juega con la dualidad de la personalidad humana y la diatriba constante de los balances (o desbalances) entre el mal y el bien.



Pacquiao es Mr. Hyde dentro de las cuerdas. Un peleador natural e incisivo que sólo quiere hacerle daño al oponente. Malo en el sentido correcto de la palabra, en el sentido deportivo, en el sentido de querer destruir al contrario en aras de claudicar la victoria. Parece poseído por una fuerza interior incontrolable, tal y como le sucedía al buen Dr. Jeckyll cuando bebía su pócima y se endemoniaba; así como le pasaba a David Banner cada vez que se molestaba y se convertía en Hulk.

Cuando suenan las campanas finales Emmanuel vuelve a la normalidad y es todo candor, paz y religión. Un devoto como pocos, Manny reza unas tres veces antes de comenzar a triturar a su rival y en cada round busca la bendición con la señal de la cruz. En sus declaraciones después de las peleas es incapaz de auto vanagloriarse y tiende a elogiar más al rival que a sí mismo. Lo hizo después de retirar a Oscar de la Hoya: "Oscar era mi ídolo y lo seguirá siendo".

Es de un carácter tan afable que aún con una oreja herida después del choque contra Miguel Cotto, estaba preocupado por el concierto que había pautado en el Mandalay Bay de Las Vegas.

"Quisiera seguir hablando con ustedes, pero tengo que cumplirle a mi gente con el concierto", dijo Pacquiao en la rueda de prensa después de la pelea, causando un estallido colectivo de risas. "Vamos gente, cantaré ocho canciones con mi banda MP que vino desde las Filipinas", insistió tras haber respondido a varias preguntas.

*La historia continúa luego del video


Y por si fuera poco, a petición de su promotor Bob Arum, soltó un fragmento de 'Sometimes When We Touch', original de Dan Hill y popularizada en Filipinas y Asia por... Manny Pacquiao.

En Las Vegas se corrió el rumor de que Pacquiao había reservado 60 habitaciones del Mandalay Bay. ¿Para quiénes? Pues quién sabe, pero seguramente para su séquito que crece cada vez más. Para una ínfima porción de los millones de aficionados que siguen a la que es, a mi criterio, la contrariedad más grande, el ícono más anacrónico, el personaje más bipolar y más contradictorio del deporte...

¿Cómo se puede ser así a la vez? ¿Cómo puede ser alguien tan bueno y pegar de esa manera? Eso solamente lo sabe Pacquiao. Pero algo es seguro, con los trancazos que llevó en su vida antes de ser quien es, los que le dan sobre el ring son definitivamente un juego para él. Por eso se ríe y pide más cuando le dan. Por eso le dan y no lo afectan. Por eso sube y baja de ahí con su sonrisa de oreja a oreja. Por eso para Manny el boxeo es el balance, el desquite, el área de la descarga.

Es una diferencia gigante la que hay entre un Pacquiao y el otro y menos mal. Menos mal porque queremos ver más, mucho más del show del Pacquiao-Mr. Hyde sobre el ring y de la calidad de ejemplo y bondad que el Pacquiao-Dr. Jeckyll transmite e inspira cuando los puños concluyen.

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