El Congreso tendrá que meterse con el boxeo
La lucha mediática entre Manny Pacquiao y Floyd Mayweather Jr. le dio piernas de 'Flash' al asunto del dopaje en el boxeo. Aunque en el pasado han surgido boxeadores que admitieron o fueron atrapados utilizando sustancias para mejorar el rendimiento, ahora esta discusión toma dimensiones impensables.
Este asunto amenaza con ser un tema permanente en cualquier discusión de este deporte. En ese sentindo, recientemente el destacado analista Thomas Hauser tiró al medio a Oscar de la Hoya, retándolo a que publique los resultados de las pruebas de dopaje a las que fue sometido por la Comisión Estatal Atlética de Nevada cuando estaba activo como púgil.
Cero vacas sagradas. Suena bien, ¿no? Pero desafortunadamente no va a esclarecer el problema actual.

El 'Golden Boy' se lo buscó. Como bien señaló Hauser, de la Hoya se contradijo al decir que no sintió los puños de Pacquiao en su pelea, para luego implicar que prácticamente fue un milagro que no cayó noqueado ante el filipino.
Pero todo este lío no se va a resolver poniendo en evidencia la hipocresía de Golden Boy Promotions. Tampoco se va a solucionar afirmando que hay unos promotores o boxeadores buenos y otros malos. No todos están sucios. Pero nadie está limpio. Cada cual iza su bandera.
Parte de la solución, desde luego, es que se implanten pruebas de dopaje más rigurosas en todas las comisiones y organismos del boxeo. Pero hay demasiados intereses involucrados que prefieren dejar las cosas como están. El boxeo no se va a regular a sí mismo. No se puede esperar otra cosa, pues otros deportes tampoco lo han hecho.
Grandes Ligas se puso las pilas sólo cuando el Congreso estadounidense llevó a cabo vistas públicas sobre el dopaje en el 2005. De igual forma, recientemente la NFL ha tenido que tomar más en serio los peligros de las contusiones cerebrales tras investigaciones federales al respecto.
Pese a los problemas que sigue enfrentando, el béisbol es más popular que nunca. La NFL actualmente rompe sus propios récords de audiencia televisiva. Por eso me parece que el rumoreo de esteroides no hundirá al boxeo, pues los adeptos lo continuarán patrocinando. (Además, ¿podemos dejar ya la lloriqueo de que los jóvenes van a preferir el MMA? ¡Se pueden seguir ambos deportes a la vez!).
La pérdida de clientes entonces no es un persuasivo para los jeques del pugilismo profesional. Pero la amenaza de intervención legislativa sí metería miedo en la mente--y en los bolsillos--de los mandamás del boxeo.
Mientras tanto se mantendrá viva la discusión estéril sobre quién usa o ha utilizado esteroides. Los fanáticos continuarán afferándose a su verdad particular, haciendo héroes de unos púgiles y ladrones de otros. Y seguiremos todos dando bandazos a ciegas en este nubarrón.
Este asunto amenaza con ser un tema permanente en cualquier discusión de este deporte. En ese sentindo, recientemente el destacado analista Thomas Hauser tiró al medio a Oscar de la Hoya, retándolo a que publique los resultados de las pruebas de dopaje a las que fue sometido por la Comisión Estatal Atlética de Nevada cuando estaba activo como púgil.
Cero vacas sagradas. Suena bien, ¿no? Pero desafortunadamente no va a esclarecer el problema actual.

El 'Golden Boy' se lo buscó. Como bien señaló Hauser, de la Hoya se contradijo al decir que no sintió los puños de Pacquiao en su pelea, para luego implicar que prácticamente fue un milagro que no cayó noqueado ante el filipino.
Pero todo este lío no se va a resolver poniendo en evidencia la hipocresía de Golden Boy Promotions. Tampoco se va a solucionar afirmando que hay unos promotores o boxeadores buenos y otros malos. No todos están sucios. Pero nadie está limpio. Cada cual iza su bandera.Parte de la solución, desde luego, es que se implanten pruebas de dopaje más rigurosas en todas las comisiones y organismos del boxeo. Pero hay demasiados intereses involucrados que prefieren dejar las cosas como están. El boxeo no se va a regular a sí mismo. No se puede esperar otra cosa, pues otros deportes tampoco lo han hecho.
Grandes Ligas se puso las pilas sólo cuando el Congreso estadounidense llevó a cabo vistas públicas sobre el dopaje en el 2005. De igual forma, recientemente la NFL ha tenido que tomar más en serio los peligros de las contusiones cerebrales tras investigaciones federales al respecto.
Pese a los problemas que sigue enfrentando, el béisbol es más popular que nunca. La NFL actualmente rompe sus propios récords de audiencia televisiva. Por eso me parece que el rumoreo de esteroides no hundirá al boxeo, pues los adeptos lo continuarán patrocinando. (Además, ¿podemos dejar ya la lloriqueo de que los jóvenes van a preferir el MMA? ¡Se pueden seguir ambos deportes a la vez!).
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La pérdida de clientes entonces no es un persuasivo para los jeques del pugilismo profesional. Pero la amenaza de intervención legislativa sí metería miedo en la mente--y en los bolsillos--de los mandamás del boxeo.
Mientras tanto se mantendrá viva la discusión estéril sobre quién usa o ha utilizado esteroides. Los fanáticos continuarán afferándose a su verdad particular, haciendo héroes de unos púgiles y ladrones de otros. Y seguiremos todos dando bandazos a ciegas en este nubarrón.
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