Al final llegó el final para Thomas y Glavine
"Todo tiene su final, nada dura para siempre" nos dice Héctor Lavoe, cuya voz no morirá al haber sido grabada, como el recuerdo del ineludible término de cada cosa. Las actividades humanas son finitas como finitos somos todos y eso incluye el béisbol. Todos ven en algún momento el final de su carrera, algunos la aceptan con mayor celeridad y otros tratan infructuosamente de alargar lo inevitable.
El camino tocó a su fin para dos estrellas antes de arrancar la temporada, ambos con grandes nombres y casos bastante serios para pretender entrar en el Salón de la Fama. Tal y como Lavoe es inmortal al tener grabada su voz en millones de discos a nivel mundial, al tener su nombre en una placa en Cooperstown, los números y las memorias de Frank Thomas y Tom Glavine sobrevivirán, aunque ya no estén en la grama labrando hazañas.
Comencemos por 'El Gran Dolor' Frank Thomas. Conectó durante su carrera la misma cantidad de jonrones que conectara Ted Williams, con 521 vuelacercas, 301 puntos de promedio y 1704 carreras impulsadas. Esto Frankie lo logró en 19 temporadas y poco más de 10 mil partidos en las mayores.
Frank suma a todos sus logros dos premios al Mas Valioso, un premio como el mejor jugador de las mayores en 1993, cinco participaciones en Juegos de Estrellas y cuatro Bates de Plata, dos de ellos como primera base y dos más como bateador designado. Si bien nunca fue un gran defensor de la primera base, terminó con promedio de 997, cometiendo solamente 80 pecados en 8.383 innings jugados en la inicial.
Su poder, capacidad de impulsar carreras y liderazgo son puntos imposibles de dejar pasar, de la misma forma en la que Thomas dejó pasar muchos lanzamientos en camino a ser campeón en boletos recibidos en cuatro temporadas diferentes, para un gran total de 1667 boletos recibidos en su carrera, convirtiéndose el noveno en la historia.
Por otro lado tenemos a Tom Glavine, que formó parte de una trilogía de ensueño junto a John Smoltz y Greg Maddux, como tres mosqueteros que pavimentaron su camino al Salón de la Inmortalidad de la mano de Bobby Cox y Leo Mazzone, otros dos que merecen tener su propio nicho en la inmortalidad.
Tom era un lanzador zurdo inteligente, que tuvo grandes logros a pesar de su descontrol que lo llevó a regalar 1500 boletos en su carrera colocándolo en el duodécimo lugar en la historia en este mal departamento, pero sus 305 victorias y 3.54 de efectividad lo ponen en camino al Salón de Cooperstown.
Glavine también fue un traga innings. En 14 de sus 22 temporadas en las mayores lanzó más de 200 innings, colectando cinco lideratos de victorias y seis de mayor cantidad de aperturas. Tom se embolsilló un par de premios Cy Young, dos premios de lanzador del año, el más valioso de la Serie Mundial y el premio Babe Ruth de 1995.
Sus diez participaciones en partidos de estrellas y los cuatro Bates de Plata, nos deja bastante claro su influencia en el béisbol de su época ¿Y esa no es la idea del Salón de la Fama? Eso lo acerca a ese Olimpo de las mayores.
Sin duda alguna estas dos leyendas con su retiro inician el lapso de espera para su inmortalidad, mientras que otros que aún no deciden si se van o se quedan, como Gary Sheffield, Carlos Delgado, Jermaine Dye o Pedro Martínez, tendrán que tomar la decisión entre tratar de alargar sus carreras o salir de ellas con la frente alta esta temporada.
Para cerrar les dejo un dato interesante de ambos peloteros. Glavine produjo, por concepto de salarios en su insigne carrera, la bicoca de $129.639.293, mientras que por su parte Frank Thomas metió en su cuenta bancaria la cantidad de $104.634.000.
El camino tocó a su fin para dos estrellas antes de arrancar la temporada, ambos con grandes nombres y casos bastante serios para pretender entrar en el Salón de la Fama. Tal y como Lavoe es inmortal al tener grabada su voz en millones de discos a nivel mundial, al tener su nombre en una placa en Cooperstown, los números y las memorias de Frank Thomas y Tom Glavine sobrevivirán, aunque ya no estén en la grama labrando hazañas.
Comencemos por 'El Gran Dolor' Frank Thomas. Conectó durante su carrera la misma cantidad de jonrones que conectara Ted Williams, con 521 vuelacercas, 301 puntos de promedio y 1704 carreras impulsadas. Esto Frankie lo logró en 19 temporadas y poco más de 10 mil partidos en las mayores.Frank suma a todos sus logros dos premios al Mas Valioso, un premio como el mejor jugador de las mayores en 1993, cinco participaciones en Juegos de Estrellas y cuatro Bates de Plata, dos de ellos como primera base y dos más como bateador designado. Si bien nunca fue un gran defensor de la primera base, terminó con promedio de 997, cometiendo solamente 80 pecados en 8.383 innings jugados en la inicial.
Su poder, capacidad de impulsar carreras y liderazgo son puntos imposibles de dejar pasar, de la misma forma en la que Thomas dejó pasar muchos lanzamientos en camino a ser campeón en boletos recibidos en cuatro temporadas diferentes, para un gran total de 1667 boletos recibidos en su carrera, convirtiéndose el noveno en la historia.
Por otro lado tenemos a Tom Glavine, que formó parte de una trilogía de ensueño junto a John Smoltz y Greg Maddux, como tres mosqueteros que pavimentaron su camino al Salón de la Inmortalidad de la mano de Bobby Cox y Leo Mazzone, otros dos que merecen tener su propio nicho en la inmortalidad.
Tom era un lanzador zurdo inteligente, que tuvo grandes logros a pesar de su descontrol que lo llevó a regalar 1500 boletos en su carrera colocándolo en el duodécimo lugar en la historia en este mal departamento, pero sus 305 victorias y 3.54 de efectividad lo ponen en camino al Salón de Cooperstown.
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Glavine también fue un traga innings. En 14 de sus 22 temporadas en las mayores lanzó más de 200 innings, colectando cinco lideratos de victorias y seis de mayor cantidad de aperturas. Tom se embolsilló un par de premios Cy Young, dos premios de lanzador del año, el más valioso de la Serie Mundial y el premio Babe Ruth de 1995.
Sus diez participaciones en partidos de estrellas y los cuatro Bates de Plata, nos deja bastante claro su influencia en el béisbol de su época ¿Y esa no es la idea del Salón de la Fama? Eso lo acerca a ese Olimpo de las mayores.
Sin duda alguna estas dos leyendas con su retiro inician el lapso de espera para su inmortalidad, mientras que otros que aún no deciden si se van o se quedan, como Gary Sheffield, Carlos Delgado, Jermaine Dye o Pedro Martínez, tendrán que tomar la decisión entre tratar de alargar sus carreras o salir de ellas con la frente alta esta temporada.
Para cerrar les dejo un dato interesante de ambos peloteros. Glavine produjo, por concepto de salarios en su insigne carrera, la bicoca de $129.639.293, mientras que por su parte Frank Thomas metió en su cuenta bancaria la cantidad de $104.634.000.
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